Mi perro tiene ataques epilepticos.

Ver a un perro o a un gato sufrir una convulsión asusta muchísimo. Lo entiendo perfectamente: en consulta es una de las situaciones que más angustia genera a los propietarios. La buena noticia es que, aunque impresiona mucho, un ataque epiléptico aislado no suele significar que tu mascota vaya a morir en ese momento. La mala es que sí obliga a tomárselo en serio y estudiar qué está pasando.
Caja resumen: lo importante en 30 segundos
- Un ataque convulsivo no siempre significa epilepsia: puede haber tóxicos, alteraciones metabólicas o lesiones cerebrales detrás.
- Hablamos de epilepsia cuando las crisis se repiten en el tiempo.
- Grabar el episodio en vídeo ayuda mucho al diagnóstico.
- No intentes abrirle la boca ni meterle nada dentro.
- Si una convulsión dura más de 5 minutos o se encadenan varias, es una urgencia veterinaria.
Al grano
Qué es una crisis epiléptica · Diagnóstico · Causas · Cómo es un ataque · ¿Puede morir? · Qué hacer en casa · Tratamiento
La epilepsia en perros es un problema relativamente frecuente. Y aunque la palabra asusta mucho, conviene empezar por algo básico: no todo ataque convulsivo es epilepsia.
Qué es un ataque epiléptico en perros
Decimos que un perro tiene epilepsia cuando presenta ataques convulsivos de forma repetida. Un animal puede sufrir una crisis aislada por muchas causas distintas, pero cuando esos episodios se repiten es cuando empiezo a hablar de epilepsia.
La convulsión no es la enfermedad en sí. Es el síntoma de que algo está fallando en el cerebro.
Me gusta explicarlo así en consulta: igual que una diarrea es una señal de que algo pasa en el aparato digestivo, una convulsión es la señal de que algo está alterando el funcionamiento del cerebro.
Diagnóstico de la epilepsia en perros y gatos
En algunos pacientes es posible encontrar la causa concreta de las crisis. Puede tratarse de un tumor, una malformación congénita, un derrame cerebral o una alteración metabólica. Pero otras veces no conseguimos demostrar una causa estructural clara, y entonces hablo de epilepsia idiopática.
Cuando digo “idiopática” no estoy siendo misterioso. Estoy diciendo, sencillamente, que no sabemos con certeza qué lo produce.
Los síntomas aparecen por una actividad eléctrica anormal y brusca en el cerebro. Si quieres una imagen mental fácil: es como una tormenta eléctrica desorganizada dentro del sistema nervioso. Muy espectacular, muy caótica y nada útil.
Según la zona del cerebro afectada y su extensión, los síntomas pueden ir desde pequeños tics o temblores localizados hasta una convulsión generalizada con pérdida de conciencia.
Y un detalle importante: esta excitación eléctrica no tiene nada que ver con que el perro esté contento, nervioso o emocionado. De hecho, muchas crisis aparecen cuando está descansando o durmiendo.
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Como te decía:
Causas de ataques epilépticos

Las causas son muchas. Y aquí está una de las claves del enfoque clínico: antes de etiquetar a un perro como epiléptico, intento descartar otros problemas que pueden provocar convulsiones.
- Tóxicos: insecticidas, productos antiparasitarios mal usados y otras sustancias peligrosas.
- Enfermedades metabólicas: alteraciones del hígado o del riñón que cambian la composición de la sangre.
- Desequilibrios de electrolitos: sodio, potasio o calcio fuera de rango pueden afectar al cerebro.
- Problemas cerebrales: traumatismos, derrames, tumores o malformaciones.
- Epilepsia idiopática: cuando no encontramos una causa demostrable.
Si hay posibilidad de exposición a tóxicos, necesito saberlo. Parece un detalle menor, pero puede cambiar por completo la forma de actuar.
En un animal con convulsiones, contarle al veterinario si ha podido ingerir un tóxico puede ser decisivo.
También suelo recomendar analíticas, porque el hígado y los riñones limpian la sangre, y cuando no lo hacen bien, el cerebro puede acabar pagando el precio. Lo mismo pasa con el sodio, el potasio o el calcio: si esos valores se alteran, el sistema nervioso puede desorganizarse y convulsionar.
En perros jóvenes, muchas epilepsias idiopáticas empiezan entre el año y los tres años de edad. Si las convulsiones arrancan antes del primer año, me planteo más un origen congénito. Si debutan en un perro mayor, ya me preocupan más tumores, derrames u otras lesiones cerebrales.
Cómo es un ataque epiléptico en perros
Los ataques suelen llegar de forma repentina y, la mayoría de las veces, duran entre medio minuto y minuto y medio. Dicho así parece poco. Viéndolo en directo, se hace eterno.
Dependiendo de la parte del cerebro afectada, distingo entre crisis generalizadas y crisis focales.
En consulta explico que muchas veces hay tres fases bastante reconocibles:
- Fase previa o aura: el perro puede estar raro minutos u horas antes. Lo notas inquieto, más pegajoso, nervioso, desorientado o con comportamientos extraños.
- Ictus o crisis propiamente dicha: puede caerse, perder la conciencia, pedalear con las patas, salivar mucho, vocalizar o hacerse pis y caca. Aunque los ojos sigan abiertos, no está consciente de forma normal.
- Fase postictal: al terminar queda desorientado, torpe, inquieto o muy cansado. A veces camina como si no reconociera bien el entorno. Esta fase puede durar bastante más que la propia convulsión.
Lo más sensato en esa fase final es dejarlo tranquilo y seguro. Algunos tardan minutos en recuperarse. Otros necesitan horas.
En este vídeo puede verse una crisis epiléptica generalizada seguida de la fase postictal:
Cuando la crisis es focal, la cosa puede ser más sutil: temblores en una pata, movimientos repetitivos de la cara, espasmos en párpados o mejillas, o comportamientos raros sin pérdida de conciencia completa.
En este otro vídeo puede verse una crisis focal en un caniche, sin pérdida de conciencia:
A veces una crisis focal empieza localizada y acaba generalizándose. Y otras veces ocurren varias seguidas, sin que el perro llegue a recuperarse entre una y otra. Ahí ya no me lo tomo con calma: eso es una urgencia.
Si quieres ver más ejemplos de convulsiones, en este enlace puedes encontrar vídeos ilustrativos.
Urgencia real: si la convulsión dura más de 5 minutos o si se repiten varias sin recuperación completa entre ellas, hay que ir al veterinario cuanto antes.
¿Puede morir un perro de un ataque epiléptico?
Por poder, puede. Pero no es lo habitual.
Un ataque epiléptico impresiona muchísimo, pero es muy raro que un perro muera durante una crisis aislada. A lo largo de mi carrera, no he visto morir a un perro en pleno ataque convulsivo aislado.
Lo que sí me preocupa de verdad es el estatus epiléptico: crisis muy prolongadas o varias crisis seguidas sin recuperación. Ahí sí puede haber un desenlace grave si no se actúa rápido.
Si notas que los ataques se repiten con intervalos cada vez más cortos, no esperes en casa a ver “si se le pasa”.
Cómo actuar ante un ataque epiléptico
- Mantén la calma: cuesta, lo sé, pero ayuda más que entrar en pánico.
- Baja estímulos: apaga luces intensas y reduce ruido si puedes.
- Evita golpes: aparta objetos con los que pueda chocar.
- Separa a otros animales: algunos compañeros reaccionan mal ante el comportamiento extraño del afectado.
- Ten una toalla cerca: puede hacerse pis o caca durante la crisis.
- No intentes abrirle la boca: no suele tragarse la lengua y tú sí puedes llevarte un mordisco involuntario.
- Graba el episodio en vídeo: para mí, esa información vale oro en consulta.
Grabar una crisis ayuda mucho más al diagnóstico que intentar describirla de memoria después.
Tratamiento de la epilepsia
Cuando un perro o un gato tiene ataques epilépticos, mi primer objetivo es encontrar y tratar la enfermedad que los está causando. Esa es la mejor forma de acabar con el problema cuando la causa es tratable.
El problema es que no siempre se puede. Y cuando no encuentro una causa clara o no puedo corregirla, entonces el objetivo pasa a ser controlar la frecuencia y la intensidad de las crisis.

Fármacos como el fenobarbital o el bromuro no curan la epilepsia. Lo que hacen es ayudar a controlarla.
Y aquí conviene ser honesto: no existe un único tratamiento perfecto para todos los animales. Algunos responden muy bien. Otros obligan a ajustar dosis, cambiar de medicación o combinar varias opciones antes de encontrar un punto razonable de control.
En torno a uno de cada tres perros epilépticos puede dar más guerra de la esperada a la hora de controlar bien las crisis.
Por eso a veces mantengo el tratamiento aunque haya habido alguna recaída puntual: ciertos medicamentos necesitan tiempo y seguimiento para valorar si están funcionando de verdad.
También es habitual hacer analíticas periódicas para comprobar si el nivel del fármaco en sangre es adecuado antes de decidir cambios bruscos.

Una recomendación que siempre doy: anota las fechas de las crisis, su duración aproximada y cualquier cambio de medicación o dosis. Ese registro ayuda muchísimo más de lo que parece.
Un cuaderno con fechas, vídeos y cambios de medicación puede ser casi tan útil como una buena memoria. Y bastante más fiable.
Los tratamientos antiepilépticos también tienen efectos secundarios. Por eso no siempre se empiezan tras una sola crisis aislada. La decisión depende del contexto clínico, la frecuencia, la gravedad y cómo queda el animal después de cada episodio.
Cuándo suele recomendarse iniciar tratamiento
- Cuando presenta uno o más ataques en un periodo corto, como dos meses.
- Cuando las crisis aumentan en intensidad o lo dejan muy afectado.
- Cuando encadena varios ataques sin recuperación completa entre ellos.
La mayoría de perros y gatos epilépticos pueden llevar una vida bastante normal si el tratamiento está bien ajustado. Aquí la clave es la constancia: no retires medicación por tu cuenta y no cambies dosis porque “parece que ya está bien”.
Cuidado con los remedios milagrosos
Cuando una mascota no responde bien al tratamiento, el propietario suele estar desesperado. Y ahí aparecen las dietas milagrosas, los productos “naturales” y las soluciones mágicas vendidas con mucha seguridad y muy poca evidencia.
Mi consejo aquí es sencillo: desconfía de cualquier remedio que prometa arreglar fácilmente un problema que, por definición, suele ser complejo. Si fuera tan simple, te aseguro que lo estaría usando yo el primero.
Si tu perro o tu gato está teniendo convulsiones, no necesitas humo. Necesitas un diagnóstico sensato, seguimiento y un plan bien ajustado. Y si tienes dudas con la frecuencia de los ataques o con el tratamiento, en consulta puedo ayudarte a ordenar el problema y decidir qué pasos conviene dar.
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— José Luis Guerrero - Veterinario



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